rebusque

Por:Nelson Fajardo

El rebusque para subsistir ha sido una constante en la  historia de nuestro país desde épocas remotas, tanto en condiciones coloniales pre capitalistas, como en las actuales condiciones de un capitalismo deformado y dependiente. Lo novedoso hoy  consiste en que ese rebusque se torna dramático y desembozado, porque se convierte en funcional a una estructura en la que las relaciones sociales entre el capital y el trabajo lo asimila para convertirlo en parte “dinámica” de una estructura de reproducción socioeconómica precaria en su capacidad de reducir los efectos de una acumulación de capitales que frena el progreso para favor los intereses mezquinos de una oligarquía sedienta de poder personal.
Es así como el Estado al servicio de esa sed de poder descubre, en el marco de la crisis económica que nos impacta que la calidad del empleo, como uno de  los factores de su productividad, se viene deteriorando; cuestión que puede generar serias dificultades a esa estructura de reproducción precaria y mezquina.

En esta dirección, el Departamento Nacional de Estadística – DANE- acaba de revelar que la economía generó 800.000 puestos en lo que va corrido del año, puestos en los que pesa la informalidad y el rebusque. Si bien la desocupación oficial está ubicada en 11,7 por ciento a mayo, lo que representa a 2.447.000 personas buscando empleo; esto conduce a que hay más miembros de las familias que recurren al rebusque para obtener nuevos ingresos debido, entre otros factores, al creciente deterioro del trabajo formal.

Según esta institución, para el trimestre marzo-mayo, la tasa de desocupación pasó de 11,1 a 11,9 por ciento, que representa 283.000 personas más sin nada que hacer. Por su parte, el número de ocupados subió en 656.000 hasta consolidar 18.378.500. De ese consolidado el mayor renglón de ocupados está en trabajadores familiares sin remuneración (23,5 por ciento); siguen los empleadores de bajo capital (11,8 por ciento), el servicio doméstico (8 por ciento), los trabajadores particulares (6,3 por ciento) y los trabajadores por cuenta propia (2,8 por ciento). Se trata de un 52,4 por ciento sobre el total, que corresponde a 9.628.500 colombianos.

Estas cifras dan muestra de la deformación de la estructura económica de un país que a lo largo y ancho de su historia no ha logrado generar una verdadera dinámica que articule producción, distribución, mercado, consumo y servicios modernos. Como se puede observar, hay un dominio absoluto de la prestación de servicios para la realización del capital, que al concentrar su atención en la ganancia para la acumulación, no distribuye, ni redistribuye el capital para elevar la escala productiva a mayores niveles; situación que estanca la dinámica productiva, y por lo tanto torna más vulnerable esta economía ante la crisis.

Si al rebusque y la informalidad, se agrega el desempleo abierto (11,9 por ciento) tenemos 11.815.125 compatriotas que viven en condiciones de precariedad y degradación de sus condiciones  de trabajo. Eso explica que ante la profundidad de la crisis, el Estado y su capital implementen medidas coercitivas desde la criminalización hasta la violencia y el terror abierto de amplios sectores sociales, entre los que se incluye la juventud, con el propósito de control los posibles desmanes que se puedan presentar ante una reacción popular contra esa precariedad y degradación.

Esta situación que conjuga historia con la implementación de un modelo de acumulación de ofensiva abierta contra los trabajadores, y que para el caso colombiano tiene cerca de 25 años de hegemonía, tiende a fortalecer la represión en todas sus expresiones. Tendencia, que ante la crisis del Uribismo, puede agudizarse y buscar salidas en un régimen político más autoritario que el actual, esto con el propósito de asegurar la llamada “seguridad democrática”, como estrategia y medio para arribar al 2019 con el triunfo definitivo de su proyecto político, social y económico.

Desde luego que contra ello juega la creciente organización de las fuerzas políticas, sociales y económicas que vienen tejiendo otro futuro para el país, pero que tienen que confrontar salidas oligárquicas peligrosas como la que acaba de suceder en Honduras.

HECHOS Y CIFRAS
Reformas estructurales, lograr la sostenibilidad fiscal, adelantar  el cuaderno en materia de infraestructura, en distribución del ingreso, claridad en las reglas de juego del sistema financiero, fortalecer la demanda interna y trabajar para una recuperación rápida de la economía, son algunos de los aspectos que diferentes analistas consultados creen que se deben atender. El asunto depende de la óptica desde donde se mire. Para ex ministros de Hacienda la prioridad debe ser el frente fiscal. Por ejemplo Juan Camilo Restrepo, quien atendió la crisis del 99, y José Antonio Ocampo consideran que el punto central debe apuntar a lograr el equilibrio fiscal y ahorrar en las épocas de ‘vacas gordas’ para enfrentar las ‘vacas flacas’. A la infraestructura y el mercado interno le debe apuntar el país en Economía y negocios en El Tiempo, martes 30 de junio de 2009, página 2-1.

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Aunque la discusión sobre si Colombia está o no en recesión se mantienen más vigente que nunca, el sector de la construcción parece mantener activa su marcha y de la mano de los bancos, ha logrado sostener sus pronósticos en la venta de vivienda de todos los estratos. Que no supere los $ 167 millones y que sea nueva son los dos requisitos que exige el Gobierno para asignar un alivio en las tasa de interés que va entre los 3 y 5 puntos. Y por eso para mejorar el ambiente, varios bancos están ofreciendo alternativas interesantes para adquirir crédito hipotecario. Redacción Especiales en Construcción de El Espectador, martes 30 de junio de 2009, página 12.

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La informalidad ha sido señalada como uno de los mayores obstáculos para el desarrollo del país por su muy baja productividad y capacidad de innovación y la precariedad e insuficiente calidad de la mano de obra que se mueve en ese abultado segmento de la economía colombiana. En el campo laboral, de acuerdo con cifras del Dane, la informalidad se mantiene desde hace varios años alrededor del 56 por ciento; cálculos del Departamento Nacional de Planeación (DNP) con base en el Censo 2005 indican que el 96,4 por ciento del universo empresarial colombiano son microempresas, muchas de las cuales operan de manera informal. Correa C. Jorge, Informalidad: mal negocio para el país en Portada de Portafolio del 30 de junio de 2009, página 4.

¿QUÉ ES QUE EN ECONOMÍA?
LA CONCENTRACIÓN DE LA PRODUCCIÓN Y LOS MONOPOLIOS: Hacia finales del siglo (XX) pasado se produjo un rápido crecimiento de las distintas ramas de la industria. Este crecimiento iba acompañado del aumento del tamaño de las empresas. Las grandes fábricas proporcionaban a sus dueños ventajas adicionales frente a otros capitalistas y contribuían al fortalecimiento de las posiciones competitivas de aquéllos. La magnitud de los capitales en funciones crecía bien gracias a la construcción de empresas más potentes o mediante la unión violenta o voluntaria de muchos capitales individuales. A consecuencia de ello se concentraban cada vez más los medios de producción, la mano de obra y la producción en las grandes empresas, es decir, se aceleraban los procesos de concentración de la producción. Valiéndose de los últimos logros del progreso tecno-científico y de las ventajas de la gran producción, las empresas gigantes aplastaban a las “pequeñez” y ampliaban sus propias posiciones en la economía capitalista. Después de haber concentrado en sus manos una parte sustancial de la producción, lo cual les aseguro la situación dominante en una o varias ramas de la economía, estas empresas empezaron a obtener ganancias elevadas en comparación con el nivel medio de ganancia. Las fusiones y absorciones en masa y la acelerada concentración del capital condujeron al surgimiento de los monopolios.
Buzuev, A.: ¿QUÉ ES CAPITALISMO?: ABC de conocimientos socio-políticos, Editorial Progreso 1987, páginas 117 a 121.