desempleo_encolombiaPor Nelson Fajardo
Las cifras hablan

Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas -DANE- el número de ocupados en edad de trabajar en Colombia es de 17.331.000 ciudadanos, lo que corresponde a 39,4% sobre una población total de 44 millones de colombianos. Es un 39,4% de ciudadanos ocupados en edad de trabajar, de los cuales, tal como lo hemos planteado en otras oportunidades, el 72,5% se desenvuelve entre el desempleo y la informalidad en el trabajo; es decir, sobre dicho porcentaje, 12.564.975 son informales, mientras que el resto, 4.745.025 deambulan por la calle sin empleo o se refugian en formas precarias y delictivas de obtención  de ingresos.
Es cierto que el desempleo general descendió entre 2001 y 2008 de 17,2% a 12%, pero esto se debió al incremento de la informalidad y no mucho a la creación de nuevos puestos de trabajo en el sector formal de la economía, al punto que hoy, bajo las condiciones de la crisis cíclica mundial de la economía capitalista, se inicia un proceso de crecimiento del  desempleo que lo ubica en el 12,5% a febrero de 2009, con perspectiva de un aumento en corto plazo a 14,5%; es decir 2.529.000 personas desempleadas, superior en 167.000 desocupados con respecto a finales de febrero del año pasado. En el marco de la mencionada crisis, la tasa de desempleo en ascenso está relacionada claramente con el mal comportamiento del crecimiento económico.

Precariedad del trabajo

Un crecimiento económico  sustentado en la creciente precarización de la calidad y las condiciones de trabajo, bajo la excusa de la flexibilización y el disciplinamiento laboral, propio del modelo de acumulación neoliberal que sin mayores márgenes de fortalecimiento de la actividad productiva, principalmente la industrial, puede disparar las tasas de crecimiento a partir de estimular el comercio y la especulación financiera, pero su sostenimiento en el ciclo largo de la economía capitalista es imposible; más si se trata de una economía deformada y dependiente.

En su momento sugeríamos que el neoliberalismo, definido como un proceso teórico, político, cultural y económico, que busca adecuar el sistema capitalista a las crecientes necesidades de valorización internacional del capital- a partir de una supuesta “liberalización” de sus relaciones con él y el trabajo, concentrando más el poder político, pero con una fachada de mayor democracia genera crecientemente las condiciones para su propia superación. Sus postulados profundizan el abismo que distancia al capital como relación socioeconómica del resto de la humanidad, interesada en apropiarse y dominar la riqueza .

Los efectos del modelo especulativo

Efectivamente, en la medida que el comando central del poder sobre el conjunto de los capitales posa en manos del capital dinero especulativo, y que éste reduce los movimientos de la economía a simples juegos con la rentabilidad de las tasas de interés; en esa misma medida, su interés por un comportamiento armónico del conjunto de  relaciones socioeconómicas, expresadas en una optima estructura que articula producción – distribución – circulación – consumo y servicios, se torna más parasitaria y negativa para los intereses del conjunto de la humanidad.

A esta situación no es extraña la economía colombiana, altamente especulativa y parasitaria, debido a su incapacidad para asimilar la enorme masa de capital dinero lograda por vías legales e ilegales a procesos productivos que amplíen la industrialización de la nación dentro de criterios de progreso y sostenibilidad ambiental. Por el contrario, la asimilación del modelo neoliberal, transnacional y supraestatal sin principios de soberanía nacional y defensa de la economía nacional hace de Colombia un país altamente vulnerable a las crisis del capital mundial, y por lo tanto la perspectiva de mayores incrementos al desempleo, con decrecimiento económico y todo su impacto social, se harán cada vez más evidentes.

El sistema no puede seguir ocultando o minimizando la crisis, tal como pretenden los defensores del gobierno actual. Es creciente la necesidad que tiene el país de retornar al debate  sobre el papel del Estado en los procesos económicos, ¿cuál es la importancia que tiene el desarrollo de la economía interna para proyectarla óptimamente hacia fuera?, ¿Qué papel juegan los procesos de industrialización expansiva para consolidar una estructura socioeconómica coherente, dinámica y productiva?, ¿Qué relaciones y que diferencias deben existir entre la economía real y el movimiento del capital dinero? Estas, entre otras inquietudes, que vuelvan a reanimar la economía política de la economía.

HECHOS Y CIFRAS
Como si el mandato desde la Casa de Nariño hubiera sido ‘austeridad’, las entidades estatales que hacen parte del Presupuesto General de la Nación moderaron sus expectativas de gasto para el año entrante y varias de ellas se apretaron el cinturón. La decisión es de tal magnitud que si el Ministerio de Hacienda decidiera dejar las pretensiones tal cual las presentaron las entidades y el Congreso de la República le diera el visto bueno, los gastos para el 2010 caerían en términos reales frente a los de este año. Eso es lo que se desprende del anteproyecto del presupuesto del 2010 que el Ministerio de Hacienda presentó ante el Congreso, como lo ordena la Ley, y cuyas aspiraciones suman 144,3 billones de pesos. Presupuesto del 2010 sería menor que el de este año en Portada de Portafolio, abril 7 de 2009, página 4.

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El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) celebró sus 50 años de existencia en  un momento especialmente crítico para la región, a causa de la crisis financiera de los países desarrollados que pone en riesgo los avances económicos y sociales conseguidos por los países de América Latina y el Caribe en las últimas décadas. Las economías emergentes latinoamericanas deberán tomar medidas contracíclicas para enfrentar la crisis de tipo expansionista en su gasto público. El BID busca salidas a la crisis en Informe Especial de la revista Dinero No 322 de abril 3 de 2009, página 26.

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Como lo esperaba el mundo, hubo acuerdo y respuestas en la Cumbre del G-20, que reunió a las economías más poderosas del planeta para buscar soluciones a la crisis. Ganaron los dos bandos: quienes pedían más recursos y los que abogaban por aumentar los controles al sistema financiero. Por el lado de los flujos de dinero, se acordó destinar US$ 1,1 billones adicionales, a través de instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. El FMI recibirá hasta US$ 750 mil millones; se fijará una nueva asignación de dineros especiales por US$ 250 mil millones; se apoyará la financiación de un mínimo de US$ 100 mil millones en créditos adicionales a cargo de los bancos multilaterales y la utilización de las ventas de oro por el FMI para créditos a los países más pobres. Redacción de Negocios en Negocios de El Espectador, viernes 3 de abril de 2009, página 8.