miseria

La miseria del aumento salarial y la lucha por la dignidad del trabajo

Nelson Fajardo

El proceso de negociación en Colombia del aumento salarial para el año 2009 estuvo lleno de incertidumbres y ambigüedades en las que sobresalió la arrogancia y la prepotencia de un gremio de capitalistas convencidos que lo mejor es sostener a la mayoría de trabajadores dentro de los límites del salario mínimo vital para que no se afecten sus ganancias.

Desde el inicio de las negociaciones hasta su culminación, el gremio de los empresarios capitalistas optó por la intransigencia frente a las propuestas de los representantes de los trabajadores, que pedían un aumento salarial por encima del simple rescate de la inflación acumulada durante el año 2008.

Así las cosas, mientras los trabajadores proponían un aumento del doce por ciento, lo capitalistas arrancaron con un seis por ciento; como se puede observar la distancia entre una y otra propuesta era del doble. Al decretarse el incremento salarial por parte del Estado, a través del Ministerio de Salud y Protección Social, este incremento quedó finalmente en 7,7 por ciento; aumento establecido por el Gobierno uribista.

Esto quiere decir que pasamos de 461.500 pesos del mínimo de 2008 a 496.997 pesos para el mínimo de 2009, lo que corresponde a un aumento absoluto de 35.497 pesos mensuales, que hacen un aumento diario promedio de 1.183,23 pesos, dinero que no alcanza para pagar una libra de arroz , ni para comprar un gaseosa del Grupo Ardila Lulle.

Se trata de un aumento salarial que escasamente recupera la inflación de los precios de canasta familiar adquirida con los salarios del año 2008; es decir que el salario nominal con el aumento decretado servirá para comprar lo mismo que comprábamos a finales del 2008; situación, que por simple ejercicio de lógica, nos permite deducir que no hubo mejora sustancial en las condiciones salariales de los trabajadores colombianos.

Lo dramático del asunto consiste en que al precario aumento salarial lo acompaña al inicio del año una cascada de aumentos en los precios en los bienes y servicios del consumo directo de la población, tal como sucede con la energía que se incremento en el 8 por ciento, los útiles escolares, las matriculas y pensiones; y qué decir de los precios de los alimentos, las alzas recurrentes de los combustibles, entre otros bienes y servicios necesarios al común de los colombianos.

Si se reconoce esta situación, la idea mediática, al servicio de quienes tienen y manejan el poder, según la cual los índices de pobreza en Colombia se han reducido es absolutamente falsa; pues si bien existe una alta liquidez monetaria en Colombia, el flujo y la rotación del capital dinero siguen mal distribuidos y no afectan positivamente la actividad económica para generar fuentes de empleo dignas y estables, que permitan elevar el poder adquisitivo de los trabajadores a favor de una verdadera y mayor capacidad de compra.

Ahora bien, el reconocimiento de esta situación por parte de las mayorías trabajadoras pasa por la necesidad de elevar su conciencia social y política para emprender acciones que conduzcan ha elevar la calidad del trabajo y de la vida. En esta dirección, el Movimiento Sindical tiene una alta responsabilidad en canalizar el descontento y la inconformidad para organizar la protesta social y política contra un gobierno que actúa a favor de los grandes capitales.

El aumento salarial tan miserable que decretó el gobierno requiere rescatar la unidad y la cohesión, el sentido y la pertenencia de clase y la coherencia en las acciones de los trabajadores con el propósito de elevar sus exigencias y contribuir a la derrota del modelo de acumulación de capitales de corte neoliberal; y que hoy pierde piso de manera creciente con la huelga de los corteros de caña de azúcar y la movilización de los pueblos de América Latina.

Verdades y mentiras teóricas sobre el Salario

Erick Franco*
•    Columnista invitado
El aumento del salario mínimo legal que se realiza cada año en Colombia, en un ritual en el que los ganadores de siempre son el Estado y el capital, mientras que los trabajadores se sumergen en las festividades que imposibilitan cualquier movilización por la defensa de su condiciones salariales, no pasa de ser un acto demagógico de supuesta democracia burguesa y liberal.

Y es un acto demagógico porque, como diría Carlos Marx, no pasa de ser una forma de enmascarar el valor real del pago de la mercancía fuerza de trabajo en el precio de la misma. Esto significa que el valor y el precio de esta mercancía no son lo mismo, así tengan algunos nexos.

En esta dirección no es lo mismo hablar de salario real que de salario nominal, con respecto al segundo, se calcula sobre la base de la suma total de dinero que se debería recibir (salario bruto). Dicho salario contiene el precio del pago de la mercancía fuerza de trabajo, el monto de los impuestos que paga el trabajador al Estado para que estos sostengan los intereses de la clase dominante y la porción que se le descuenta para poder acceder a ciertos servicios sociales. Hechos los descuentos por impuestos y servicios sociales, queda el salario neto entendido también como salario nominal o la suma de dinero pagada al obrero por vender su valor de uso, es decir, por vender su capacidad de producir y realizar plusvalía para el burgués. Con este dinero, el trabajador compra los bienes y servicios que permite la capacidad adquisitiva del dinero que le  pagaron, compra que esta, generalmente, por debajo de las necesidades para tener un trabajo  y una vida dignos.

Asegurar ese trabajo y esa vida dignos son parte fundamental de la lucha del trabajador asalariado contra las formas y los métodos de explotación que ejerce el capital sobre los desposeídos de la propiedad privada sobre los medios de producción. Se trata de la lucha de clases permanente por el pago del salario real, conocido como la canasta familiar requerida por el trabajador para reproducirse y reproducir a su familia.

Dicho salario real está determinado por el monto del salario nominal, el aumento por la elevación de los precios de los bienes y servicios consumidos por el trabajador y su familia, más el aumento por los incrementos de los impuestos que se le tienen que pagar al Estado. Si así se le pagara al trabajador estaríamos hablando de pago justo dentro de las condiciones de explotación del sistema capitalista.

En Colombia, el aumento del 7,7 fue hecho exclusivamente sobre el aumento de los precios de los bienes y servicios consumidos en 2008, sin tener en cuenta dicho aumento para el 2009. A ello se agrega las condiciones de súper explotación a que está sometida la fuerza de trabajo con la llamada flexibilización laboral,  favorable a la acumulación de ganancias por parte del capital. Es precisamente esta situación concreta la que requiere potenciar la lucha del  movimiento sindical y popular, tomando en cuenta la experiencia de los corteros de la caña de azúcar.

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